jueves, 23 de febrero de 2017

Bata de estar en casa. Wrapper, "Sobretodo".

A lo largo del tiempo he ido coleccionando imágenes de prendas a las que se denominaban Wrappers, y que yo traducía a modo de batas.
Me centraré en las de mediados del s. XIX.
Buscando información sobre estas prendas, he de reconocer que no he encontrado mucho, pero sintetizando lo que he visto en un lado y en otro, diría que según la clase social hacía que se usaran solo como ropa de casa, al levantarse y para realizar algunas tareas, o en las clases mas bajas, que era la prenda de diario normal.
Si pensamos en una mujer de campo, de clase baja, que ha de realizar multitud de tareas, desde fregar, lavar, ordeñar vacas, correr detrás de los niños, un posible huerto, y otras muchas que a ustedes se les puedan ocurrir, necesita un traje  que no la oprima, que sea fuerte y duradero, sin muchas complicaciones, y que no tenga que retirar según engorde o adelgace.
Así para estas mujeres el wrapper era su prenda de cabecera, a veces la única que poseían, o como mucho otro vestido para ir a la iglesia o para usar en celebraciones.
Habitualmente se llevaban sin corsés que entorpecieran sus movimientos.
En la clase media baja, lo utilizaba dentro de la casa, cuando hacia las tareas domésticas únicamente.
En la clase media alta era uno mas de los múltiples vestidos que se ponían a lo largo del día según la hora, si iban de paseo, a hacer visitas, al teatro, de cena, etc.
Me parece curioso encontrar numerosas fotografías de mujeres de la clase media con esta indumentaria, no me imagino en los años 30 -40 a la gente yendo a los estudios fotográficos con la bata de estar en casa.
En la clase alta se dice que también lo llevaban con corsé.
Al ser vestidos sueltos, si quitaban la cinta de la cintura, se podía usar también durante los embarazos.
Y para confeccionarlos, para todos los que hacemos recreación, es una pieza sencilla de realizar, porque no hay que ajustarla, podemos ponerle frunces, pliegues, no necesita ballenas, ni hay que tener tantos miramientos en la confección.
Así que según con quien hablemos, "Wrapper", puede igualarse a una bata de estar en casa, a un vestido de diario, a un "sobretodo" o guardapolvo,
He tratado de ponerles imágenes que en internet vienen calificadas como wrapper, y que como pueden ver, algunos son semejantes a los vestidos normales de "La casa de la pradera", o películas de vaqueros, y otros, más complejos y delicados, parecen una bata de estar en casa o levantarse.
Todos los dibujos de arriba, corresponden a imágenes de 1862 a 1865.

Las revistas de moda de la época llevaban modelos de este tipo de indumentaria para sus clientas, la mayoría de ellas, de clase social alta, por lo que son bastante más complejos, con adornos, y en telas de mayor calidad.
Tal vez les haya animado a confeccionar un vestido de este tipo, si es así , ya me contarán que tal el resultado.
Yo lo tengo en la cabeza desde hace tiempo, y hasta he comprado la tela para hacerlo, otra cosa es cuando sacaré el tiempo...
Estos que les pongo al final. con telas de pasley, son de mis favoritos, pero encontrar en tejidos
actuales, algo que se acerque a eso, a unos precios asequibles, es muy improbable, por no decir imposible.

sábado, 28 de enero de 2017

El chocolate a la taza como bebida victoriana I

Mi propósito en esta entrada es revindicar el chocolate como acto social, alimento, bebida, y muchas otras cosas en la sociedad victoriana española.
Mi idea es hacer una trilogía, o dicho más modestamente, y más real, tres entradas, con aspectos diferentes.
Si bien es cierto que nos hemos dejado ganar por el te, como símbolo victoriano, en detrimento de nuestro chocolate a la taza, trataré de darles motivos para volver a nuestras mejores tradiciones.
No pretende ser una lección de historia de como, quien, en que momento, etc vino el chocolate y se quedó con nosotros, pues en internet encontrarán todo tipo de explicaciones.
Solo pretendo darles algunos datos y curiosidades, anécdotas del uso, y algunas imágenes.
 Fueron los españoles del s. XVI los que trajeron el cacao a España, y de aquí a toda Europa.
En Mejico se tomaba con chile, y era una mezcla amarga y picante, que no gustaba a los españoles, pero nuestros antepasados introdujeron dos novedades respecto a como se tomaba allí, le añadían azúcar y lo calentaban.
Desde los puertos de Andalucía se llevaba a la corte, donde se tomaba como bebida caliente.
En distintos libros de viajes de europeos por España, hablan del chocolate diciendo que es para los españoles lo que el te para los ingleses. Se convirtió en un símbolo nacional.
Al principio España tenía el monopolio de la importación del cacao, y de aquí pasó a la corte francesa, por la relación entre los reinantes en ambos países ( Cuando la princesa Ana de España, se casó con Luis XIII de Francia), y también a Italia a través de los conventos.
Fue muy curiosa la duda que existió en el s. XVII, de si tomando chocolate se rompía o no el ayuno que practicaban muchos creyentes, y sobre todo en las órdenes religiosas, se concluyó que no la rompía si era líquido y no se acompañaba de huevos o leche. Esto lo rubricaron dos papas.
Muchos médicos lo recomendaban para quitar el dolor de cabeza, el constipado o el dolor de muelas.
Se extendió el uso del chocolate al pueblo llano, y mientras en la corte lo tomaban en finas tazas de porcelana, el pueblo lo hacía en tazas o cuencos de barro vidriado.
Se tomaba al desayuno, complementando el almuerzo, para obsequiar a las visitas, como refresco, en público y en privado.
En 1828 aparece una nueva técnica para conseguir el chocolate sólido, en tabletas o bombones. Viene del norte de Europa.
En 1870 se fabrica el primer chocolate con leche en polvo.
En el siglo XIX aparecen máquinas que facilitan el proceso de tratamiento del cacao, se hace más barato el proceso y se extiende su consumo.
A finales del s. XVIII aparecen las chocolaterías, donde los burgueses se reunen a tomar chocolate a la taza. Llegan a su máximo esplendor a mediados del s. XIX.
En cada lugar de España se acompañaba de cosas diferentes. En Madrid de churros, en Valencia de
buñuelos y porras, en el norte de picatostes, en Barcelona de soletillas.
El chocolate considerado como reconfortante, digestivo y estimulante, en el s. XIX compitió con el café, que tardó más en introducirse en España, que en otros lugares debido a lo profundamente arraigado que estaba el chocolate.
Abajo, cuadro de Raimundo Madrazo, La Chocolatada.







sábado, 14 de enero de 2017

Indumentaria del pueblo: saya

Siguiendo la entrada anterior, y completando el "fondo de armario" de ropa del pueblo, de las clases bajas, hoy pongo una saya ligera.
Para hacerla usé una tela actual, lo más parecido que encontré a "la bayeta", término que aparece en los testamentos de los siglos XVIII y XIX, y que se adaptaba bastante bien a lo que yo quería.
Al igual que en la pieza anterior he tenido que teñirla, pues partía de un azul claro, muy poco adecuado para una prenda de mucho trote.
Y lo mismo que me sucedió con la camisa, fueron tres veces las que metí la tela en el tinte intentando se homogeneizara el color lo máximo posible, y cubriera a todas las partes por igual.
La copié de una que me prestaron, pero en este tipo de prendas las variaciones son pocas. 
La foto superior, y las inferiores son de la saya prestada. Copiada también de otra antigua y hecha a partir de una colcha vieja teñida. Esta tiene más "cuerpo" que la mía.
(Vista interior y exterior de la cintura en la saya que me dejaron)
Bastante vuelo, tablas a la cintura pequeñas y numerosas, y alguna pestaña o jareta,  que además de hacer de adorno a la saya dan más amplitud en el bajo, mas vuelo.
Le puse una cinta de terciopelo negra de adorno. Como quería que fuera de terciopelo de algodón, y sin fibra, teñí un trozo que tenía en casa de color amarillo claro, con tinte negro. Lo cosí a mano por debajo de las jaretas.
La saya que me prestaron tenía más jaretas que la que yo hice, pero por la largura de mi tela, no me atreví a hacer más, porque temía me quedara corta. 
La largura de estas prendas es variable, desde el tobillo a una cuarta del  mismo, pero no más arriba.
La abertura va rematada con un bies de algodón. esta abertura se coloca adelante y queda tapada con el mandil.
Tablas pequeñas, rematadas en la parte superior con una cinta fuerte y bastante larga para darle si se quiere, más de una vuelta a la cintura y sujetarla bien, así como para las lazadas.
Rematada en el bajo con una tela, que en mi caso y aprovechando restos, es la misma de la blusa de la entrada anterior. Un algodón con pequeñas rayas, teñido.
Mi saya es de color verde botella, aunque estoy viendo que en las distintas fotos varia el color. Y puede confundirse también con la prestada que es en un verde algo más seco, pero la textura de las telas es muy diferente.












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